Con motivo del Día Mundial del Desarrollo Rural, desde todo el movimiento asociativo Plena inclusión, pedimos más recursos para las personas con discapacidad intelectual que viven en el entorno rural, así como para sus familias. Y es que las zonas afectadas por la dispersión geográfica sufren un constante déficit de servicios, que repercute en la falta de recursos de apoyo a la discapacidad intelectual y del desarrollo.
A través de la campaña #AtenciónALasFamilias, proporcionamos visibilidad a una vulnerabilidad estructural que se manifiesta en:
- Limitado acceso a servicios especializados
- Dificultades vinculadas con el transporte
- Una dependencia familiar mucho mayor que en entornos urbanos
Esta es la realidad para 1 millón de personas con discapacidad intelectual que viven en el entorno rural
La presidenta de Plena inclusión España y Plena inclusión Canaria, Carmen Laucirica, resume la situación de la siguiente manera:
«Las familias que viven en los pueblos lo tienen más difícil para acceder a los recursos y apoyos que necesitan sus hijos e hijas. Para muchas, ejercer sus derechos se convierte en una carrera de obstáculos: el aislamiento geográfico acaba traduciéndose en aislamiento social, desatención y menos oportunidades para desarrollar sus proyectos de vida en igualdad de condiciones».
En concreto y como recoge la última Encuesta de Discapacidad, Autonomía personal y situaciones de Dependencia (EDAD, 2020), el número de personas con discapacidad intelectual que viven en el entorno rural asciende a 951.862.
A esta cifra, hay que sumar a las otras grandes afectadas del aislamiento social y falta de recursos: las familias, que recordamos, son las principales prestadoras de apoyos.
Los grandes factores de vulnerabilidad
El informe “Las personas con discapacidad residentes en el medio rural” (CERMI, 2025) establece 4 factores de vulnerabilidad:
- Problemas para acceder a servicios esenciales, directamente relacionados con la dispersión geográfica.
- Falta de transporte público accesible y abundancia de desplazamientos que cubren largas distancias.
- Limitadas oportunidades laborales para toda la población, lo que dispara las posibilidades de entrar en riesgo de pobreza y exclusión social.
- Brecha digital, que reduce el acceso a información, modalidades educativas y empleo.
Todo ello vuelve a aparecer en el estudio de Plena inclusión y la Universidad de Alcalá sobre «la realidad cotidiana de las familias de personas con discapacidad intelectual y del desarrollo en situación de vulnerabilidad«.
Este último estudio, además, aporta un nuevo matiz: la dispersión geográfica, prácticamente, imposibilita o disminuye de forma drástica la posibilidad de crear y mantener redes informales de apoyo.
Qué soluciones planteamos
Solo desde un conocimiento actualizado sobre la realidad de las familias y personas con discapacidad intelectual que viven en el entorno rural se pueden realizar las demandas que, de verdad, atajen los problemas expuestos.
Reducir las desigualdades y ejercer los derechos con plenitud son las bases del plan de soluciones con el que trabajamos. Entre las medidas que ya se están impulsando, destacamos:
- Creación de recursos de cercanía.
- Afianzamiento, tanto de los apoyos telemáticos como de los equipos itinerantes que se desplazan a los municipios.
- Diseño y puesta en marcha de planes de vida de las personas y sus familias, planes que les apoyen allá donde vayan a vivir.

